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Te agradezco sobremanera el esfuerzo que haces, Tina, por intentar comprenderme y estar siempre en contacto conmigo.
Ayer te leí los dos últimos SMS que me había mandado Calipso. Uno de ellos terminaba de la guisa, que te sorprendió, sí, mucho, de que no sostendría lo mismo ante un tribunal de Justicia (en román paladino o a la pata la llana, que las palabras urdidas por ella, en el supuesto de que fuera llevada ante la instancia susodicha, carecerían de todo valor -aun del mínimo-, o sea, que devendrían papel mojado, agua de borrajas o cerrajas -luego se extrañará "la que oculta" de que la llame así, lo que significa su nombre en griego, y de que no le crea nada, así estuviera hablando sin parar todos los años que le quedan por vivir-). Pues, a la inversa, el menda (lerenda) mantendrá esto, que quiere ser tu esposo y envejecer a tu vera, sea cuando y donde sea. Y es que sus palabras (sobre todo, cuando se refieren a su dilecta charrúa o amada dama uruguaya) llevan amarchamada su firma (y hasta su rúbrica).
Pues yo también deseo lo propio. Se aprende un montón escuchándote. Narras sin apenas marrar; quiero decir que reflexionas estupendamente y que relatas los casos y las cosas, ora estés en las casas, ora (entre astas) en los cosos, sin dar la lata ni meter la pata.
Aceptaré gustoso, ledo, todos tus mimos. Pero me has contagiado con tu "Félix, tienes que ser paciente; debemos esperar a encontrarnos en Roma". En Italia, siendo todo real (no virtual, como ahora), las vallas, objeciones o barreras dejarán de ser tales. Yo intentaré probarte en todo "cronotopos" que te admiro, adoro y amo probamente.
"Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos, libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con mis ojos a los muertos" escribió Francisco de Quevedo y Villegas. Los libros, amigos excelentes, no fallan nunca, cariño; cuando consideres o entiendas que lo hicieron, tómate la molestia de releerlos; te darás cuenta de que ellos no te engañaron, sino que la culpa la tuviste tú, por haberlos leído mal.
Ciertamente, la vida no es un juego, sino jugo; pero lo lúdico es una herramienta importante, un útil interesante, para sacar todo el zumo que contiene cualquier existencia.
Yo ardo en deseos de poder demostrarte que anhelo hacerte feliz y serlo a tu vera, constante o diuturna primavera.
Te ama quien es tu alma gemela o media naranja y quiere ganarse el derecho a ser (ojalá sea más pronto que tarde) tu cónyuge, marido o pareja, el dichoso compañero de viaje de tus próximos cuatro lustros por este valle de lágrimas (Dios quiera que la inmensa mayoría de las susodichas sean motivadas por la risa) tu
Félix Unamuno.